El olor de la muerte

Fragmento extraído de “Pídeme no morir”, de la colección Noir is Black, editada por Perica la literaria.
 
Sacó del bolsillo un paquete de tabaco, y ante la rara mirada del gordo, le ofreció un pitillo:
–¿Te apetece?
El hombre aceptó gustoso y con cierta simpatía respondió:
–De algo tendremos que morir.
Le resultó irónica la respuesta. Le dio lumbre, y después prendió su cigarro con una calada muy profunda. Exhaló el humo, y notó un ligero tufillo. No era la nicotina, era ese olor desagradable que desde hacía años atrás experimentaba antes de asesinar a alguien, porque para Falciatore, la muerte tenía un olor muy especial.

Versar en tu boca

Empecé un poema al que pronto se unieron tus versos. A partir de la segunda estrofa perdimos la métrica: la rima fue dictada por nuestras lenguas.

Rompeolas

Se desliza
como serpiente jugando,
mi lengua en tu miel;
placer, y quizá pecado
al sentir tus manos
erigiendo el faro del regocijo,
señalando la llegada,
con rumbo desorientado,
de una tormento húmeda;
y llueve, sólo llueve;
en tu boca, en la mía,
el deseo en forma de vapor,
mientras escuchamos juntos
la calma en la punta del rompeolas.

Llueve

Un trabajo limpio

—Después de todo el rollo que has soltado no me ha quedado claro si habrán guardias de seguridad —dijo el Gordo.

Ismael suspiró intentando calmarse.  Siempre que explicaba los planes a su compinche terminaba de la misma manera, gritando encolerizado. Si contaba con él era porque no tenía otra opción, nadie más quería ayudarle en sus golpes, tenía fama de gafe. En su último robo tuvo la mala fortuna de quedarse encerrado en el ascensor, y allí permaneció hasta que un técnico, acompañado por la policía, lo sacaron de dentro. Sin embargo, el Gordo, aunque era un poco lelo y le costaba entender las instrucciones, siempre estaba a su disposición; era un buen tío y nunca cuestionaba nada.

—¿Tú eres tonto?

—Solo quiero saberlo para no llevar balas de más. No me gusta malgastar.

—¡El punto número uno! —gritó— ¿Es que no he dejado claro que no quiero ningún disparo? ¡Limpio, tiene que ser un trabajo limpio!

Ambos callaron durante unos segundos. Después, el Gordo, con un gesto de incertidumbre volvió a preguntar:

—¿Me dejas el móvil?

—¿Para qué coño lo quieres? —gritó una vez más Ismael.

—Tengo que avisar a mi madre. No sé si tendrá la colada lista para esa hora.

Eres arte

Eres arte entre mis brazos. Cuando te miro a los ojos, me doy cuenta de que no son parte de tu cuerpo. Son dos luceros que quizá provengan de otra galaxia, aquí es imposible encontrar otros iguales. Luego me fijo en tus facciones, dulces y seductoras, más bien propias de un fresco, de esos que permanecen a buen recaudo en un museo. Sólo apto para miradas exigentes. Eres arte, mujer. Todas las noches te recuerdo como un soneto. Tus palabras no son vocablos, son cada una de las letras de una balada. Eres arte, en cambio yo, poco puedo hacer por entenderte. Tan sólo soy un paleto embobado ante algo que se le queda grande: tu belleza.

El destierro

Habla la cama de mí, de ti; y no cuenta más que verdades sobre ese destierro al que han ido a parar nuestras caricias.

Aullidos

Quiero hablar de gritos, de poemas convertidos en alfileres que la luna se ha negado a coser, porque dice que ya no soy el de ayer; aun así, desdichado, me reservo mi derecho para aullar en soledad. No se me da nada mal.

La primera cita

—¿De verdad lo mataste?
—Sí…no…tal vez; —volvió a dibujar esa sonrisa estúpida que tanto le gustaba poner cuando tenía un policía delante— pero te aseguro que está descansando.
—¿Y lo dices así, sin más? —el detective preguntó irritado, moviendo el cañón de su arma de arriba abajo, sin apartarla del pecho del presunto asesino.
—Bueno, pido perdón. Quizá debería haberlo cantado al ritmo de You are the sunshine of my life, mientras te miro a los ojos. Eso es lo que os gusta a los polis como tú.
—¡Cuidadito! ¡Te estás equivocando conmigo! —su dedo índice se aferró con ganas al gatillo de la pistola, con ganas de disparar.
—Sí, me acabo de dar cuenta; veo que eres de los que no follan en la primera cita; es una verdadera lástima.