¿España? ¡De puta madre!

Imagen: Pixabay

Mi superior es un cerdo, y todos mis compañeros unos babosos que le hacen la pelota allá por donde el chorropavo pisa. En definitiva, podría decir que toda la tripulación del «0VN1» es una piara con alas. ¿Por qué digo esto? ¡Porque me da la gana! Todavía tengo herido mi orgullo al recordar cómo llegué hasta aquí.

 —S3RG10, baja un momento y recoge muestras de la vegetación del lugar —me ordenó mi capitán.

Le hice caso, y justo cuando mis pies se posaron en  el suelo terrícola, la nave salió a todo gas, derrapando entre las nubes. A todo esto, no soy humano. Provengo de un planeta muy parecido al vuestro. Y cuando afirmo que es muy idéntico es porque lo es. Mucha agua y pocos cojones para cambiar una sociedad en la que muchos pobres siguen cuatro voces dictando normas. El paro allí también es estratosférico. Por este motivo maldigo a mis compañeros, porque me alisté como explorador intergaláctico para ganar algo con lo que poder sobrevivir, y los muy miserables me dejaron aquí tirado, en mitad de la dehesa de un pueblo sevillano, en pleno mes de agosto. ¡Cabrones! Ya me lo decía mi madre: «S3rg10, tienes que estudiar para ser alguien de provecho». ¡Cuánta razón! Si le hubiera hecho caso, quizá ahora estaría sentado en mi despacho con los pies sobre la mesa mientras cotilleo durante la jornada laboral el «f4c3b00k», allí también tenemos redes sociales, con la única diferencia, los «Me gusta» nosotros lo traducimos como «m3l4p3l4». Somos así de rancios.

 Me quejo por gusto, porque en realidad aquí me han aceptado muy bien. Esta gente del sur me trata fenomenal, han conseguido que en poco tiempo me sienta uno más… de los parados que se sientan en el banco de la plaza a ver pasar a las «mushashas», claro está.

Nosotros tenemos un físico idéntico al de los terrícolas: cara, brazos, piernas, cuerpo; para nada somos de color verde con ojos gigantes, ni tampoco decimos esa estúpida frase: «Teléeeeeeefono, mi caaaaaasa» ¡Qué absurdo! ¿En serio nos veis así? En mi planeta somos gilipollas, pero no tontos. Quizá un poco más barrigones que la gente de aquí, pero lo compensa nuestro sexo, bastante más grande al producto ibérico nacional. Alguna ventaja debía tener yo para aprovecharla aquí en la Tierra… como en el cielo. Y si no que se lo pregunten a la Puri, esa andaluza de grandes caderas y enormes «t3t4s», que me vuelven loco cada vez baila eso de Sevilla tiene un color especial.

La semana pasada recibí un wasap de mi capitán. Me decía que no me enfadara, que simplemente todo había sido una broma (de unos meses ni más ni menos) y que el próximo martes regresarían a por mí, justo en el mismo lugar en el que me habían abandonado. «¿A qué hora?», le pregunté. «A las once», me confirmó en su último mensaje.

Hoy es martes y son casi las doce de la noche. He recibido una llamada de mi superior: «¿Dónde estás?», me ha preguntado. El exceso de rebujito me ha animado un montón y le he respondido bastante emocionado: «¡Alcohol, alcohol…hemos venido a emborracharnos y el resultado nos da igual!», el Sevilla ha ganado. Es increíble ver lo que mueve el fútbol aquí en España, al cojo le pone tres patas, mientras al ciego lo vuelve aún más ciego; con el balón en juego no hay pena que valga. Lo tengo claro, apenas quedan unos meses para el mundial y no me lo voy a perder. ¡Yo me quedo! Y aunque mi genética diga que soy de otro planeta, lo tengo claro, yo soy español: «¡Aquí Sevilla. España de puta madre!», fin de transmisión.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *