Postre de la casa

Un postre de arañas,
de insectos que muerden…
como tus palabras,
que crees que no hieren
porque sonríes al hacerlo;
y yo, estúpido, consiento
que mi corazón cocine
cierto postre almibarado;
al final te vas y quedo solo,
con un café entre las mano
removiendo un sentido vetusto
mientras sé que no volverás.

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