Aullidos

Quiero hablar de gritos, de poemas convertidos en alfileres que la luna se ha negado a coser, porque dice que ya no soy el de ayer; aun así, desdichado, me reservo mi derecho para aullar en soledad. No se me da nada mal.

La primera cita

—¿De verdad lo mataste?
—Sí…no…tal vez; —volvió a dibujar esa sonrisa estúpida que tanto le gustaba poner cuando tenía un policía delante— pero te aseguro que está descansando.
—¿Y lo dices así, sin más? —el detective preguntó irritado, moviendo el cañón de su arma de arriba abajo, sin apartarla del pecho del presunto asesino.
—Bueno, pido perdón. Quizá debería haberlo cantado al ritmo de You are the sunshine of my life, mientras te miro a los ojos. Eso es lo que os gusta a los polis como tú.
—¡Cuidadito! ¡Te estás equivocando conmigo! —su dedo índice se aferró con ganas al gatillo de la pistola, con ganas de disparar.
—Sí, me acabo de dar cuenta; veo que eres de los que no follan en la primera cita; es una verdadera lástima.

Amigos para siempre

Y ahora, con el sabor del carmín de tus labios, comprendo el estado agridulce que desde niños nos mantiene unidos. No rompas aquella promesa que en su día me hiciste, por un carnal beso. Tarde o temprano se nos pasará el capricho y te necesitaré como antaño.

 

Feria Libro Moncofa 2018

El pasado domingo 12 de agosto, estuve en la Feria del Libro de Moncofa, invitado por la Librería Argot de Castellón. Fue una jornada muy interesante, en la que dediqué ejemplares de mi última novela corta, «Pídeme no morir». Esta feria tiene algo especial, no sé si es el relajante sonido del mar, a escasos metros de las haimas, o la amistad que ha surgido durante estos últimos años entre los valientes participantes (organizadores, libreros, escritores), pero es mi cuarto año consecutivo que participo. La gente, encantadora, no duda en acercarse hasta los escritores y preguntarles por sus obras, sin miedo y con mucha curiosidad. En esta ocasión no fue distinto, me topé con lectores que ya conocían parte de mi trabajo, y resultó un verdadero placer poder hablarles un poquito de la vida de Conrado Falciatore y su viaje hasta España. El año que viene, espero volver. ¡Gracias, Moncofa!

 

La fantasía

Temido final

Te imagino leyendo cada uno de mis versos, emocionada tras cada coma, tras cada punto y seguido; te imagino tan conectada a mí, pasando tu dedo índice entre mis líneas, que me supone un auténtico castigo saber que no tardarás en musitar el final.

 

#Hashtags

El viejo Blas llegó montado en su vespino de color rojo. Llevaba un cajón cargado de patatas de su propia cosecha. Aunque estaba jubilado, jamás renegó de la buena costumbre de #madrugar. Se levantó temprano, y después de beberse un café, tocado con la simpatía del Terry, acudió hasta su granja para realizar las tareas cotidianas: mimar a su animales para obtener la mejor leche.

Pero esa mañana hizo algo nuevo. Hincó las rodillas en el suelo y se puso al lado de Marina, su cabra más fotogénica. Luego pulsó el botón rojo del móvil, y envió un #selfie muy simpático a su nieta: «¡Saludos desde la Moncloa!», escribió con sorna el abuelo. Blas no tardó en recibir una respuesta: «Abu stas peor qla kbra! xD <3».

El hombre se alegró al imaginar la enorme sonrisa. Se notó #melancólico por tenerla muy lejos, pero satisfecho al encontrarla más cerca gracias al móvil. Se sintió un #crack, aunque no llegó a descifrar todo el mensaje.

 

 

Amor de madre

Siempre que me preguntan si tengo familia, digo que soy madre soltera luciendo una sonrisa de oreja a oreja. Cuando digo que tengo cinco bichejos emancipados y viviendo en un acuario, se extrañan y me preguntan si son biólogos marinos. Al negarlo y decirles que simplemente son cinco hermosos calamares, se quedan asombrados. Es habitual que me pregunten si estoy de broma. Jamás me tomaría a guasa los temas relacionados con mis hijos. Es más, cuando frunzo el ceño y hago notar mi seriedad, la gente se ofende y me dejan con la palabra en la boca, como si estuviera loca. Y no es verdad, no estoy mal de la cabeza. La cuestión es más sencilla, aunque haya personas que no logren entenderlo. Por algún motivo bastante desconocido, algún calamar que tomé años atrás, engendró nueva vida en mí. Para la mayoría, el hecho de pensar en ello, supone una aberración. Yo simplemente lo tomé conforme vino, soy muy feliz con ello. El que no tuvo la felicidad de sentirse amado, nunca podrá ofrecer a sus hijos el amor que no tuvo.

Mis calamarcitos, ni fuman, ni beben, ni se drogan. Se comportan de manera muy educada. Nunca se atrevieron a levantarme la voz, y por ese motivo me siento muy orgullosa de ellos. Ahora tomo mis precauciones, ya no hago nada a pelo. Siempre hiervo a conciencia cualquier alimento antes de ingerirlo. No está la vida como para tener más hijos.