La tormenta

Eres deseo que provoca impaciencia, y no puedo hacer nada por remediarlo, sólo llorar por dentro al ver que marchas en un navío con un noble capitán. Dios no quiera que mis lágrimas provoquen una tempestad en vuestro camino.

 

Una corta historia de amor

Me pediste que te contara en cinco líneas nuestra historia de amor. Empieza y termina así: “Cuando abrí las puertas de mi corazón, tú cerraste cualquier esperanza”. Por lo que lees, me ha sobrado espacio. Aprovecharé para decirte una última cosa: te sigo amando.

 

Tu último beso

Son tus labios los que me enseñaron la felicidad. Tu beso, el único que me diste, me devolvió la vida. Desde ese momento no he vuelto a mirar el reloj; le quité la pila. Paré el tiempo justo cuando tus labios se chocaron contra los míos. El resto de la historia no tuvo importancia.

 

Resignado a tu interés

Te escapaste de mis labios para vivir desterrada de mi corazón; ahora, tras la llegada de los primeros esbozos de frío, es cuando por interés te acuerdas de mi leñera. No seré yo quien te reproche la huida.