Versar en tu boca

Empecé un poema al que pronto se unieron tus versos. A partir de la segunda estrofa perdimos la métrica: la rima fue dictada por nuestras lenguas.

El destierro

Habla la cama de mí, de ti; y no cuenta más que verdades sobre ese destierro al que han ido a parar nuestras caricias.

Aullidos

Quiero hablar de gritos, de poemas convertidos en alfileres que la luna se ha negado a coser, porque dice que ya no soy el de ayer; aun así, desdichado, me reservo mi derecho para aullar en soledad. No se me da nada mal.

Amigos para siempre

Y ahora, con el sabor del carmín de tus labios, comprendo el estado agridulce que desde niños nos mantiene unidos. No rompas aquella promesa que en su día me hiciste, por un carnal beso. Tarde o temprano se nos pasará el capricho y te necesitaré como antaño.

 

Temido final

Te imagino leyendo cada uno de mis versos, emocionada tras cada coma, tras cada punto y seguido; te imagino tan conectada a mí, pasando tu dedo índice entre mis líneas, que me supone un auténtico castigo saber que no tardarás en musitar el final.

 

Ladrona de corazones

—Cuénteme, señor Morrison. ¿Podría identificar a la ladrona?
—Es sencillo, inspector. Me es imposible olvidar esos tacones, que con paso ligero, me llevaron a tocar el cielo; allí me robó el corazón