Rosas

La joven, dolida, le preguntó a su abuela por el amor.

–¿Por qué algo tan bonito puede causar tanto daño?

La anciana, con su gesto dulce, acarició a la nieta e intentó consolarla.

–Las rosas, a pesar de su precioso color y agradable perfume, también tienen espinas; no es lo mismo ser florista que jardinero.

La chica sonrió.

Amor cobarde

El amor se convierte en cobarde, cuando las miradas no son más que espuma acariciando el vacío de dos corazones sedientos por acariciarse.

Pescando la vida

Tras varios días de intentos, al final logré pescar mi primer pez: «¿Y ahora qué?», le pregunté a mi abuelo; «Ahora devuélvelo al agua…», respondió sonriendo a la vez que cortaba el sedal. Tardé mucho tiempo en comprender aquella tontería.

Pantallazo azul

Me equivoqué en su día al programar el contenido binario de mi corazón. Creía estar seguro de que funcionaría a la perfección y, compilé el código fuente para poner en marcha la bomba de amar. Creí que no daría ningún tipo de error, por lo que me despreocupé de los ficheros programables y los perdí por algún rincón de mi cabeza.

Y ahora, fallo tras fallo, puedo comprobar que por no haber hecho las cosas bien en su momento, veo que mi corazón no es como hubiera querido. Autónomo y precavido, no reacciona ante estímulos externos. No soporta la multitarea sentimental, por lo que se colapsa con facilidad. Quisiera corregirlo, depurarlo y mejorarlo, pero a estas alturas y tras la dejadez por mi parte, tan sólo tengo una opción cuando la cosa no funciona del todo bien: le doy al botón reset y la cosa empieza de nuevo a la perfección, a la espera de un posible y nuevo pantallazo azul.

Ya no sé quién soy

Ya no sé quién soy, apenas me reconozco. A ratos me encuentro disfrutando de los diminutos placeres que cataloga mi cabeza, y en cambio, en otros, caigo sumido en una tristeza que aparentemente no se apreciaba. A veces creo que soy un payaso. El hecho de que se rían de mí y no conmigo duele más que cualquier otra cosa. Quizá por ello, en otras ocasiones creo que soy un monstruo, el cual dormido bajo mi piel, espera a que alguien o algo lo desvele para mostrar su ferocidad. Hoy me siento perdido en un sinfín  de sentimientos, y no me reconozco. El otoño tiene confundidos al Dr. Jekyll y Mr. Hyde.