Penitente

 

Imagen: Pixabay

¡No! ¡Que no puedo
permitirme jurarte!
No es cuestión de orgullo;
tampoco por el dolor causante,
sino por las amebas
alojadas en mi vientre,
que hacen que deshoje
las últimas fantasías
de un mal penitente
en el templo de tus piernas.

@XaviviGarcía

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.